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Assassin's Creed Origins

Assassin's Creed Origins - Una hora en Menfis

Hemos probado varios formas de jugar a esta entrega y hemos comprobado que van encajando bien.

No cabe ninguna duda, Assassin's Creed necesitaba un descanso. No porque haya habido juegos malos que echar en cara a Ubisoft, si acaso el estado en el que salió Unity, sino porque los jugadores ya empezaban a sentir el agotamiento de su estilo. Tras esa ausencia de la serie principal en 2016, porque la película no cuenta, al menos ahora nos pica un poco el gusanillo por volver a ver a estos ágiles asesinos cambiar el curso de la historia.

Si en el E3 el protagonismo recaía en las nuevas mecánicas que introduce Assassin's Creed Origins, la comunicación de la Gamescom va enfocada a presentar la trama y los sucesos políticos en los que va a incidir Bayek, el protagonista. Viajamos a los años 40 antes de Cristo, al Egipto reinado por el Faraón Ptolomeo XIII, amenazado por su hermana Cleopatra gracias a la ayuda de un envejecido Julio César.

Toda la partida de esta demostración la pasamos en Menfis y sus alrededores, que ya era una ciudad madura en el 49 A.C., con 3.000 años sobre sus suelos. Una red laberíntica de callejuelas con una estructura orgánica como la que puedes esperar de una urbe que se fue haciendo a sí misma según las necesidades de cada habitante, con canales cruzando las calles y un gran punto de referencia, el templo dedicado a Ptah.

Assassin's Creed Origins
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El combate es fluido, se le coge rápido el tranquillo. Invita a cambiar de armas al vuelo sin importar si estás caminando o a caballo. Nos impresionó mucho esta última opción, que te hace sentir poderosos sin realmente darte una ventaja real que descompense la partida. Teníamos a nuestra disposición el arco y la espada, y también una maza pesado que conseguía transmitir esa complicación de manejo al mismo tiempo que la extraordinaria potencia de golpeo. Esperamos que esto sea solo un bocado de un sistema de evoluciones profundo y que te haga pensar.

La misión principal a la que jugamos nos permitió conocer a la mujer de Bayek, Aya, que fue la que nos presentó a Cleopatra. Nació en Alejandría, pero se mudó de niña a Siva, donde conoció al protagonista. Ella no es una Medjai, los guardianes de Egipto, pero sí posee algunas de sus habilidades. No sabemos demasiado sobre qué ocurre al comienzo del juego, pero pasa algo gordo que provoca que acabe cada uno por su lado por mucho que sigamos notando que sigue existiendo algo entre ellos. Ubi nos ha planteado aquí una relación personal que se escapa al ámbito de los lazos familiares tradicionales que ha traído generalmente, y eso está bien, aunque habrá que ver cómo lo encaja con el argumento político.

En concreto, en esta misión Aya y Bayek investigando algo relacionado con la mala salud de la querida deidad Apis, un toro que al parecer había sido envenenado. Por supuesto que no es más que un síntoma de la gran conspiración que poco a poco habrá que ir descubriendo. En un momento descubrimos una serie de tareas bien hilvanadas que incluían acabar con una serie de guardias para investigar un lugar. Lo que nos queda es la sensación de estar todo el tiempo en el papel del jugador y del espectador gracias a su narrativa cinemática, hubiera o no escena de vídeo de por medio.

Assassin's Creed Origins
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Después tuvimos la ocasión de ir a las afueras de Menfis para explorar una zona desértica con pirámides. Fue un buen momento para poner a prueba el juego a caballo y también para actuar con la naturaleza. En concreto con un nido de buitre, aunque el macho alfa no estaba allí para ser abatido y nos tuvimos que ir sin la recompensa, un material raro. Después pasamos a escalar el lateral de la gran construcción, y no es algo tan sencillo como darle al joystick, es más bien una especie de reto en el que debes encontrar los puntos seguros. Lo que esperaba dentro era una sección mucho más parecida a una pantalla-puzle con plataformas móviles, toda una evolución respecto a los juegos anteriores, más parecida quizá a Rise of the Tomb Raider. Esperemos que sea un ejemplo de que en Assassin's Creed Origins hay un incremento de la diversidad, ese que podría hacer que fuera un juego superior.

No solo tuvimos este largo recorrido por la historia principal, también hubo tiempo para una misión secundaria. Una investigación, una persecución, un combate y algo de exploración en torno a unos huérfanos. No solo nos sirvió para conocer mejor las condiciones de vida de la época, sino para conocer un poco mejor a Bayek, un tipo que en ocasiones puede parecer demasiado seco, obsesionado con el honor.

Nos marchamos de allí bastante impresiones por cómo están haciendo las cosas estos estudios de Ubisoft, y eso que solo habíamos jugado una hora. Mires donde mires siempre vas a encontrar una capa de profundidad extra, algo nuevo que explorar, con lo que liarte. Y eso que nunca llegamos a inmiscuirnos en los orígenes de lo que después será la hermandad. Assassin's Creed Origins soporta un gran peso y lo que hemos visto es un gran punto de partida, pero aún debe convencernos de que ha recuperado la grandeza de la franquicia.

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